ANA VIDE
Inocencia victoriana

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TEXTOS: JUAN CARLOS BALMASEDA
FOTOS: GERARDO ORTIZ

Teatros del Canal de Madrid. “El corazón de las Tinieblas”. Del 26/04/2018 - 13/05/2018

Maquillaje y Peluquería Javier Reyes para Galénic y Renè Furterer
Agradecimientos al Corral de Comedias de Alcalá, Alcalá de Henares (Madrid)
Vestuario Darío Facal, Adolfo Dominguez Vestuario Ana Vide, Hannibal Laguna y accesorios de Aristocrazy.

Un maestro español del teatro Darío Facal y una actriz Ana Vide protagonista de la obra que próximamente se estrenará en los Teatros del Canal de Madrid. “El corazón de las Tinieblas”. La pieza es un ensayo escénico. Una reflexión sobre las formas del mal.



La actriz ibicenca Ana Vide representa a la prometida de Kurtz en la obra “El corazón de las tinieblas”. Todo lo que es locura , ambición , crueldad e histrionismo en él, se convierte en cándida inocencia en ella, como trasunto de una sociedad victoriana tan pacata , como poco comprometida.

Ana, ¿No es un pecado ser tan inocente?
Lo es. La República Democrática del Congo es un país cuya historia reciente y pasada tiene que ver con el expolio y la codicia. A día de hoy sigue habiendo una violencia generalizada, absoluta falta de oportunidades y una realidad brutal a la que no deberíamos ser ajenos. Para que nosotros ahora podamos disfrutar de un smartphone en el Congo hay más de 120 grupos armados que se lucran de la extracción ilegal de coltán cometiendo masacres contra la población civil, violando indiscriminadamente a mujeres y niñas y secuestrando niños para convertirlos soldados. Ese mineral tan codiciado financia un baño de sangre en el corazón de África. La inocencia está relacionada con la ignorancia y la falta de deseo de ver más allá y de tener una visión más amplia.

¿La inocencia en ciertas situaciones, no la carga el diablo?
La inocencia es un arma de doble filo, el que no quiere ver puede engañarse y pensar que está libre de culpa. Es más fácil apartar la mirada que mirar de frente pero lo hacemos todos cada día.




¿Cómo definirías tu papel en El corazón de las tinieblas?
Mi personaje representa exactamente esto, el deseo de los europeos de mirar a otro lado en vez de enfrentarse con la sangrienta realidad y la brutalidad del imperialismo. Ella desea y necesita creer en la bondad y la voluntad civilizadora que impulsó, a nivel propagandístico, la exploración y posterior saqueo de África y elige ignorar las atrocidades de una realidad que intuye, para poder seguir viviendo tranquila. En la novela, en su encuentro final con Marlow, ella prefiere conservar una imagen idealizada del que hubiese sido su marido, que enfrentarse con la realidad.

¿Cómo has preparado esta obra?
Ha sido un proceso de investigación y creación, el más enriquecedor que he vivido hasta el momento ya que he formado parte del proyecto desde el inicio, entrar en el local de ensayos el primer día partiendo de cero e ir probando, descubriendo y creando la obra. Como siempre dice Dario, ir dejando que las cosas hermosas vayan sucediendo y de ahí ir encontrando el personaje.

¿Qué supone en tu carrera profesional?
Para mi es todo un reto. Creo que va a suponer un antes y un después en mi carrera. Es una de las obras literarias más importantes del siglo XX. Le tengo un enorme respeto, se tratan temas muy delicados y estamos llevando a cabo un trabajo muy cuidado y comprometido. Creo que esta obra me va a traer muchas alegrías aparte de las que ya me está dando al trabajar y compartir los ensayos con actores como Ernesto Arias y Kees Harmsen y con todo el equipo que me está arropando y cuidando en este proceso.





¿Cómo es Darío dirigiendo, muy exigente… imperativo… o deja hacer a los actores?
Trabajar con Dario es un aprendizaje diario. Es una persona muy inteligente, con una gran sensibilidad, ama su profesión y constantemente nos cuida, nos guía, nos ayuda a explorar para sacar lo mejor de nosotros mismos e ir encontrando nuestro personaje, nuestro lugar en la obra. Siempre hay espacio para el diálogo. Yo tengo plena confianza en él, en su talento, en su arte. Para mi es mi maestro y siento gran admiración por él.

¿Cómo ve una joven actriz el momento del teatro en España?
Creo que poco a poco en los escenarios madrileños se va imponiendo un lenguaje teatral más contemporáneo. Hay que seguir buscando nuevas formas de contar historias y dar más oportunidades a nuevas reflexiones y discursos que vayan más allá de lo comercial. Aún queda mucho trabajo por hacer, pero me gusta ser optimista. ¿Con qué papel sueñas? Sueño con cualquier papel que me permita expresarme y explorar la complejidad y la dignidad del ser humano. Mi sueño es poder levantarme cada mañana y trabajar de actriz..




DARÍO FACAL
En el corazón del teatro

Darío Facal ( Madrid ,1978) dirige en los Teatros del Canal la adaptación teatral de la novela de Joseph Conrad “ El corazón de las tinieblas”, un clásico universal que lamentablemente sigue señalando problemas de máxima actualidad.

Facal estudió Dirección y Dramaturgia en la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD), Dirección Cinematográfica en New York University y Filología Hispánica en la Universidad Autónoma de Madrid, completando su formación artística en Francia y EE.UU. Es socio fundador de la compañía Metatarso para la cual ha escrito y dirigido más de veinte espectáculos, representados en algunos de los escenarios más emblemáticos del mundo y se han podido ver sus obras en Berlín, El Cairo, Colonia, Praga o Lima entre otras muchas ciudades. También ha dirigido para el Teatro Español El Burlador de Sevilla y para el Festival de Otoño a Primavera de Madrid. Actualmente dirige junto a Carlota Ferrer el Corral de Comedias de Alcalá de Henares, uno de los teatros más antiguos de Europa, y en donde hemos podido realizar este reportaje.

¿Qué significa para usted poder representar una adaptación del clásico de Conrad “El corazón de las tinieblas“?
Para mi es la oportunidad de tratar un tema que, por desgracia, sigue siendo trágicamente actual: el saqueo indiscriminado de África por parte de los países occidentales. Al mismo tiempo es también la oportunidad de dialogar con una de las novelas que más me han conmovido en mi vida, tanto por su dimensión artística como ética. Nos encontramos con una obra que no sólo es una denuncia sino también un acto de reflexión acerca de la moralidad occidental y al tiempo, se convierte en una maravillosa enseñanza sobre cómo el arte debe enfrentar sus responsabilidades sin caer en el moralismo aleccionador.

¿Considera que la problemática descrita en la obra está más viva que nunca con el expolio actual de recursos en África , como las minas de diamantes o las de coltán?
Lamentablemente el expolio de los recursos naturales no es una noticia de actualidad y se lleva haciendo ininterrumpidamente desde el siglo XIX sin ningún respeto por la vida humana o el impacto ecológico que pueda suponer. Los diamantes o el coltán son sólo los casos más evidentes, pero la enorme riqueza mineral y natural de África es el origen de su desgracia, en el siglo XIX eran el marfil y el caucho y hoy son los minerales de sangre (estaño, wolframio, tantalio, oro…) que se usan para fabricar una parte fundamental de la tecnología actual y especialmente los teléfonos móviles.

Desde la novela de Conrad (1899) hasta hoy han transcurrido más de cien años, ha habido una descolonización por medio, el Congo ha dejado de ser una finca del rey Leopoldo para convertirse en estado independiente… pero todo parece seguir igual o peor. ¿A qué se debe este “malditismo” de África?
No creo que existan respuestas sencillas para esa pregunta y supongo que hay enormes paradojas asociadas a esa cuestión, pero me parece evidente que no estamos dispuestos a renunciar a nuestro bienestar para intentar detener o denunciar el conflicto más letal y más ignorado, desde la Segunda Guerra Mundial. Creo que el problema está en la ceguera voluntaria de nuestra sociedad y en la capacidad que tenemos para justificar con argumentos aquello que no queremos ver. Esto, unido a la continua demanda por parte del consumidor de productos cada vez más baratos y la necesidad de las empresas de aumentar la plusvalía de los productos, desemboca en la situación actual. No creo que ninguno de nosotros estemos dispuestos a dejar de comprar ropa barata para protestar por la dignidad laboral de las víctimas de la llamada explotación textil o que vayamos a dejar de comprar teléfonos móviles o tecnología para obligar a las empresas a reconsiderar sus políticas de producción. En realidad esta entrevista y las extraordinarias fotografías que la acompañan ejemplifica un poco la paradoja en la que vivimos ¿cómo podemos hablar de estos temas mientras nos fotografiamos con ropas extraordinarias en un teatro del siglo XVII?

¿Qué analogías y diferencias percibe entre el Kurtz de Conrad y su trasunto cinematográfico, el coronel representado por Marlon Brando en Apocalipsis Now de Francis Ford Coppola?
Tanto el Kurtz de Conrad como el de Coppola son testigos directos del mal y del fracaso civilizador y, supongo que de alguna manera son capaces de enfrentarse con la oscura verdad del sistema, obviando los falsos discursos moralizantes y las ideas sentimentales que pretenden crear buena conciencia y ocultar los verdaderos intereses que subyacen. Kurtz, ante la comprensión del mal, ante el fracaso de los ideales, se adapta a la realidad eludiendo las contradicciones y la hipocresía. Pero para mi hay otros dos personajes fundamentales en la novela: Marlow y la prometida de Kurtz. Ambos son cruciales para entender como nos relacionamos en occidente con esta paradoja política y moral. Marlow también ha visto el horror, pero en lugar de buscar coherencia acepta la fractura, la duda y vivir en la paradoja, mientras que la prometida, igual que nosotros, no quiere ver la realidad para poder conservar sus convicciones y vivir sin mala conciencia.

¿Cómo se traduce esto en el trabajo que tiene que realizar con los actores?
Tengo el privilegio de que en este proyecto me acompañen actores como Ernesto Arias, Ana Vide y Kees Harmsen que, con su sensibilidad y su compromiso intelectual hacen mucho más fácil este viaje a través de la oscuridad y la dificultad de llevar esta novela al escenario. También tengo la enorme suerte de que el equipo habitual de la compañía Álvaro Delgado, Javier L. Patiño, Cristina Otero, María de Prado y Ana López Cobos entre otros se hayan querido subir al barco de este proyecto. Sin todos ellos y sin la generosidad con la que me inspiran y caminan junto a mi cada día, todo hubiera sido mucho más difícil.

Ya que su obra escénica abarca intereses tan diversos, cómo se conjuga dirigir textos contemporáneos con clásicos del Siglo de Oro?
Para mi el teatro es comunicación y cada vez que me enfrento con un texto, sea Shakespeare, Tirso, Conrad o Heiner Muller, lo único que me pregunto es qué es lo que me conmueve, qué es lo que debemos transmitir y cómo es la forma más efectiva y expresiva de hacerlo. Toda mi búsqueda y mi experimentación escénica parte siempre de estas preguntas. Es más, en breve nos embarcaremos también en la producción de un Hamlet.