EVA MARCIEL



El Teatro es una herramienta de reflexión. A Cervantes le dolía vivir. Miguel Narros era un Maestro. Estoy orgullosa de haber participado en #Littlesecretfilms


Llega vestida de blanco, sujetando un casco blanco y con zapatos dorados de tacón. Tiene una mirada para quedarte flotando en ella. Es morena, hace teatro, cine, TV y le gusta experimentar con nuevos formatos. Este verano representa “Soñando a Cervantes” en el Festival de Teatro Clásico de Cáceres y en Mérida. No lo dice, pero es rebelde.



Eres una actriz con la clara conciencia de pertenecer más al mundo de la Cultura que al del espectáculo.

Sí, claramente. Mi profesión tiene una parte célebre y otra parte en la que trabajas con textos y cuentas historias. Esta es la que me interesa; la otra, la asumo como consecuencia de la primera. Amo el arte y la cultura, les pertenezco.

Eva Marciel cubre un abanico amplio y muy diverso de registros casi antagónicos, ¿por qué?

Me gusta meterme en la piel de mujeres interesantes, ya sean del siglo XVII o del XXI. No discrimino, si el personaje, la historia y el equipo humano de trabajo aportan algo: lo hago.

¿Qué es la Cultura?

El aire que respiro, alimento para la mente. Es belleza.

Demasiado poético, concreta.

Cuando hablo con políticos o con personas que tienen poder les insisto en que la cultura es el presente y el futuro de un país, tiene que ver con la permanencia.

En estos tiempos de guerra y populismo, ¿qué papel les corresponde a los creadores?

Los creadores deberían ser un valor en alza y tendríamos que cuidarlos más de lo que la sociedad hace. Los creadores son abanderados de algo necesario que hoy no se valora.

Tal vez porque se decantaron o dejaron llevar por la producción de consumo…

Todos tenemos que comer y a veces hacemos cosas que nos inspiran más y otras que nos inspiran menos. Lo importante es estar activo y de todo se aprende. Los productos de consumo crean espectadores, generan público.

Seguro, pero no sirve generar cualquier tipo de público.

Ya, pero estoy hablando de un producto de consumo elaborado por un creador auténtico con unos mínimos de calidad ética y moral. Inevitablemente, su producto de entretenimiento no ha de ser nocivo, y, a la vez, está produciendo una sinergia entre él y el espectador. Estamos hablando de creadores con una firma, un sello y un criterio, no de los que generan Sálvame o Gran Hermano.

Algo que no suele entenderse es que al I.V.A. no se le achaca la falta de afluencia del público a la cultura.

El I.V.A. perjudica más a los artistas que a los espectadores. Somos nosotros los que para mantener un precio asumible al espectador dejamos de obtener beneficio. El I.V.A. afecta a la profesión, no al público.

Este verano participas con “Soñando a Cervantes” en el XXVIII Festival de Teatro Clásico de Cáceres, que también representaréis en Mérida.

Miguel de Cervantes es un genio de las letras del que sabemos poco. “Soñando a Cervantes” se aproxima a su faceta humana a través de los personajes a los que dio vida. Él era un soldado valiente y también un hombre que no se sentía realizado, eso le causaba amargura, le gustaban mucho las mujeres, era atractivo, seductor, no se portó bien con su mujer, lo cual le causaba remordimientos, y, a pesar de la fama lograda, sus rencillas literarias con Lope le impedían vivir en paz. A Cervantes le dolía vivir.

Las “Novelas ejemplares” añaden el subtítulo original de “honestísimo entretenimiento”, ¿existe hoy eso?

Yo quiero ver que sí.

¿Qué tiene que decir hoy el Teatro?

El Teatro es una de las herramientas para hacer reflexionar y transportar mensajes más potentes con las que contamos en esta sociedad.

¿Cuál es el mensaje más potente que debe recibir esta sociedad de parte de los creadores?

Estamos entumecidos, hay que pensar más allá de lo que nos están dando.

¿Qué es estar entumecido?

Consumir un entretenimiento que no permita margen de reflexión. Antes que respuestas, hacen falta preguntas.

Hiciste “Yerma” y “La dama duende” con Miguel Narros, en lo que parecía que iba a ser una relación más larga…

Miguel Narros era un maestro con mayúsculas, en negrita y subrayado. Era el Maestro, una de esas personas que te marca para siempre, un moderno de 80 años, tenía un amor a la cultura y al teatro como poca gente.

Trabajas con él cuando murió.

Fue durísimo. Su duelo me afectó de un modo integral, no fue solo perderle a él, si no lo que él representaba… Es historia del teatro. “Yerma”… Soy una enamorada de Lorca, de su poesía, de su mensaje y de su manera de contar. Cuando tuve la oportunidad de enfrentarme a un texto suyo sobre el escenario no me lo pensé. Hacer Lorca es uno de esos regalos que te tocan en la vida.

“La dama duende”…

Calderón, el Siglo de Oro, ¡había que tocarlo! Otro regalo.





“La puta enamorada”…

María Calderón es Libertad en la época más represiva de España. El texto me interesó desde el principio porque habla de una mujer que, en un momento de oscuridad y represión como la época de Torquemada y de la Inquisición, se atrevió a vivir. Me desnudé en el escenario en todos los sentidos.

¿Cómo preparas un personaje histórico?

Es muy importante contextualizarlo: voy al Prado, veo cuadros, leo, me empapo de la época. Por eso me gusta acercarme a estos autores, se abre un mundo delante de ti en el que tú vas poco a poco adentrándote más y más.

Y luego está tu faceta de la series televisivas…

La TV es un medio necesario para el actor. Te da muchas cosas y entre ellas que el público te conozca, porque al público le gusta ver sobre las tablas a esos actores que conoce de la pequeña pantalla.

Hacer tantas cosas y tan distintas, ¿le ayuda a tu carrera profesional?

Sí. Yo cada vez creo más en que tenemos que tender a ser renacentistas. Y no solo diversifico en el ámbito interpretativo, también en mi vida. No tengo una estrategia de marketing en plan Eva Marciel como producto para el mercado. Es más simple: llega un proyecto, me apetece, hay disponibilidad, lo hago.

Es un camino largo.

No tengo prisa, ni tengo el sueño americano. Amo mi trabajo.

Te gusta experimentar, probar formatos, jugar a la hora de acercarte a los personajes. ¿Qué es “Piccolo grande amore” (Jordi Costa, 2013)?

Una locura en la que me he dejado embarcar por Jordi Costa, que es una de esas personas con las que puedo pasar muchas tardes hablando y no me canso de escucharle y de estar con él porque representa esa cultura de combate de la que hemos hablado. Y cuando un amigo de este nivel te propone jugar a hacer una peli a ver qué sale y todo en plan experimento, yo entro.

¿Pero qué tiene en la cabeza para hacer una película así?

Lo más divertido son precisamente las referencias que te da durante el proceso de creación. Te siembra con películas rarísimas, cono la de esa tía que le gusta acostarse con mendigos en cajeros… El nivel de rareza de Jordi Costa es alto. Y a mí eso me divierte porque yo no hubiera llegado por mí misma a los mundos que él me abre.

Está claro que la película es una locura, pero una locura casi inofensiva.

Luego ya en “Labios de lava” entramos en harina… “Piccolo grande amore” es el resultado de un brainstorming sobre la marcha. De hecho, en los créditos salimos todos como autores. Había una parte guionizada y otra que íbamos improvisando libremente. A mí me parecía todo tan loco que pensaba «¡esto no me lo van a volver a proponer en la vida! O lo hago aquí o no lo hago nunca.»¿De dónde surgió la chispa para hacer algo así?

La semilla está en #Littlesecretfilms: hacer cine con diez normas que limitan el rodaje y la distribución. Hay que grabar del tirón en 24h. y no se puede promocionar. Es una iniciativa que arrancaron unos amigos de Jordi. Estoy muy orgullosa de haber participado, disfruté y aprendí un montón.

En “Lava en los labios”, dices: “tienes un subconsciente… ¡precioso!” Y es la frase de la película.

¿Lo digo en sujetador y en un columpio cuando me acabo de comer un higo que tenía una luz dentro?
Que yo sepa lo dices mientras psicoanalizas a una actriz venida a menos.

¡Ah, sí!... el momento Almodóvar. Yo decía esa frase pensando en Jordi, en cuando él saca toda esa creatividad que tiene dentro. No todo el mundo tiene un subconsciente así.
¿Porqué se hace chungo el ser humano?

Porque no se le alimenta, ni riega.
Y los que aseguran que son buenas personas en el fondo, ¿no es para contestarles que sí, pero que en el fondo del infierno? Porque lo importante es ser buena persona en la superficie, no en ese extraño fondo ignoto y fantasioso. Por eso me interesa que aflore el subconsciente y de ahí que me guste tanto la frase de la película. Porque si alguien ve el subconsciente de otra persona, le está hablando al subconsciente de esa persona, y, si le habla, el subconsciente contesta: se hace real.

Estoy de acuerdo, los comprobamos en los niños, que son maravillosos hasta que les echamos paladas y paladas de tierra y los hundimos. Es lo que decía Miguel Hernández: “desperté de ser niño, nunca despiertes”.
¿Quién cree hoy en la cultura?

Los que creemos en la cultura somos muchos y persistentes. La cultura debe estar presente en el día a día.

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